Patricio Palomeque descompone y recompone fragmentos de la ciudad para revelarnos el enclaustramiento de la polys en su pasado –los barrotes de pan de oro, con su reminiscencia colonial, metaforizan esa relación de reclusión y dependencia colectiva con la memoria-, y el sentimiento claustrofóbico del propio artista dentro de esa jaula dorada que instituye la cultura patrimonial y consumista. Pero al mismo tiempo, en ese trastocamiento del plano, podemos advertir una estrategia desterritorializante, pues la larga línea quebrada que tranzan las secuencias no sólo hace huir la ideología del patrimonio y del consumo, sino que en su fuga, en su despliegue horizontal, crea una insólita cartografía.
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